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Autor: Ángel Ruiz
Reseña:  En Costa Rica, nadie niega el valor fundamental que ha tenido la universidad para este país, ni nadie pone en entredicho la conveniencia de su progreso en el nuevo escenario histórico. Pero si se pregunta específicamente cómo debe desarrollarse la educación superior en lo que sigue, las cosas pueden entrar en el territorio de la disputa. ¿Será necesario, por ejemplo, expandir otras opciones de formación postsecundaria, no universitarias? ¿Deberá el país fortalecer más la universidad pública que la privada o lo contrario? ¿Deberá continuar la relación entre Estado, sociedad civil y educación superior que hemos tenido hasta ahora? Y las relaciones de las instituciones públicas con las privadas, o entre las públicas, ¿deberán ser las mismas? Los asuntos son muchos y algunos con exigencia de acciones urgentes, como en el caso de la extraordinaria expansión de universidades privadas de los últimos años, donde hay bastante consenso colectivo que se debe empujar hacia una regulación más cuidadosa, pero ¿quién debe hacerlo? y ¿cómo? La universidad pública ocupa hoy un punto álgido en la confianza nacional, concurrencia de logros e imagen merecidos, pero, para responder a los objetivos que impone esta nueva época cargada de globalización e internacionalización, de competencia: ¿posee los niveles de eficiencia y calidad necesarios?, ¿está realmente preparada en recursos, organización académica, ideas? Demandas en un sentido u otro, posibilidades cerradas o abiertas, opiniones hacia aquí o hacia allá, lo que está en el tapete refiere a: ¿cuál es la educación superior que requiere el país para hacer progresar la calidad de vida de la ciudadanía en el Siglo XXI?