El secreto mejor guardado de una buena clase de Matemáticas: el diseño de las tareas

No son los contenidos. No es la tecnología. No es siquiera la metodología.

Angel Ruiz
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Si se preguntara a un grupo de docentes cuál es el factor más importante para el éxito de una lección de Matemáticas, probablemente aparecerían respuestas muy diversas: dominio disciplinar, uso de tecnología, evaluación, motivación estudiantil o gestión del aula.

Sin embargo, existe un elemento que suele pasar desapercibido y que, paradójicamente, determina gran parte de lo que ocurre durante la clase:

la calidad de las tareas matemáticas que se proponen a los estudiantes.

Esta es una de las ideas más profundas del currículo costarricense de Matemáticas. Detrás del modelo de dos etapas y cuatro pasos existe una convicción fundamental: el verdadero motor del aprendizaje no es el procedimiento didáctico en sí mismo, sino el diseño inteligente de los problemas y tareas que activan el pensamiento matemático.

El corazón oculto del modelo

El currículo organiza la lección mediante cuatro momentos:

  • Presentación de un problema.
  • Trabajo estudiantil independiente.
  • Discusión interactiva y comunicativa.
  • Clausura o cierre.

A primera vista podría parecer que todos poseen el mismo peso.

Pero existe una realidad pedagógica difícil de ignorar:

Todo comienza con la tarea inicial.

Si el problema es pobre, difícilmente habrá una discusión rica.

Si el problema es mecánico, la actividad independiente se reducirá a repetir procedimientos.

Si el problema no genera conflicto cognitivo, la clausura terminará siendo una explicación convencional disfrazada de innovación.

Por eso el currículo coloca el diseño de tareas en el centro de la acción educativa.

Diseñar una tarea es diseñar el aprendizaje

Una buena tarea matemática no es simplemente un ejercicio.

Tampoco es una pregunta difícil.

Es una situación cuidadosamente diseñada para provocar pensamiento.

Cuando el docente selecciona una tarea está tomando decisiones sobre:

  • Qué conocimientos previos movilizar.
  • Qué estrategias podrían emerger.
  • Qué errores resultan previsibles.
  • Qué discusiones podrán generarse.
  • Qué aprendizajes podrían institucionalizarse posteriormente.

En cierto sentido, diseñar una tarea significa diseñar anticipadamente una experiencia cognitiva.

La diferencia entre ejercicio y problema

En la era de la inteligencia artificial esta distinción adquiere una importancia extraordinaria.

Un ejercicio típico suele tener una ruta conocida y una respuesta esperada.

Un problema auténtico exige explorar.

Obliga a decidir.

Invita a formular hipótesis.

Genera incertidumbre.

Mientras los ejercicios entrenan procedimientos, los problemas desarrollan capacidades.

Y precisamente las capacidades constituyen uno de los propósitos centrales del currículo costarricense.

La gran pregunta que debe hacerse un docente

Cuando se diseña una lección solemos preguntarnos:

¿Qué voy a enseñar?

El enfoque curricular propone una pregunta diferente:

¿Qué tarea puede generar el aprendizaje que deseo construir?

La diferencia parece pequeña.

No lo es.

En el primer caso el contenido ocupa el centro.

En el segundo, el centro lo ocupa la actividad intelectual del estudiante.

Pensar hacia adelante

Una de las aportaciones más interesantes del documento consiste en señalar que el diseño del problema debe realizarse pensando en los pasos posteriores.

El docente no diseña solamente una actividad inicial.

Diseña también:

  • Las oportunidades para el trabajo independiente.
  • Los espacios de discusión.
  • Los posibles contrastes entre estrategias.
  • Las oportunidades de síntesis y formalización.

Una tarea bien construida contiene en potencia toda la arquitectura de la lección.

Más allá del constructivismo superficial

Durante años se popularizó la idea de que bastaba con afirmar que los estudiantes debían construir sus propios aprendizajes.

Pero la experiencia mostró que esta afirmación, por sí sola, resulta insuficiente.

La construcción del conocimiento no ocurre espontáneamente.

Requiere ambientes cuidadosamente diseñados.

Requiere tareas cuidadosamente seleccionadas.

Requiere intervenciones docentes inteligentes.

Por eso el currículo propone una visión mucho más sofisticada:

El estudiante construye.

Pero el docente diseña las condiciones para que esa construcción sea posible.

Una idea que hoy resulta más relevante que nunca

La irrupción de herramientas de inteligencia artificial está obligando a replantear muchas prácticas educativas.

Si una máquina puede resolver instantáneamente miles de ejercicios, entonces el valor educativo ya no puede residir únicamente en obtener respuestas correctas.

El valor educativo se desplaza hacia:

  • Formular preguntas.
  • Analizar situaciones.
  • Construir estrategias.
  • Comparar enfoques.
  • Justificar decisiones.

Y todo eso depende, en gran medida, de la calidad de las tareas propuestas.

La pregunta ya no es qué ejercicios resolverán los estudiantes.

La pregunta es qué experiencias matemáticas vivirán.

¿Por qué Costa Rica necesitaba un modelo?

El currículo reconoce explícitamente una realidad que sigue siendo relevante.

Los contextos educativos son profundamente diversos.

Las condiciones de formación docente también.

Ante esta situación, ofrecer únicamente orientaciones generales habría generado interpretaciones muy distintas y resultados igualmente diversos.

El modelo de dos etapas y cuatro pasos surgió como una respuesta práctica a esta realidad.

No como una receta.

Sino como una brújula.

Reflexión final

Cuando observamos una gran clase de Matemáticas solemos fijarnos en quien enseña.

Quizá deberíamos mirar primero la tarea que desencadenó todo.

Porque detrás de cada discusión brillante, de cada descubrimiento estudiantil y de cada aprendizaje duradero, suele existir una decisión previa casi invisible:

la selección de un buen problema.

Y tal vez allí resida el verdadero arte de enseñar Matemáticas.