La competencia matemática: la verdadera protagonista del currículo

El concepto que da sentido a toda la reforma educativa

Angel Ruiz
https://angelruizz.com
[email protected]

Cuando se analiza un currículo de Matemáticas, es común que la atención se dirija hacia los contenidos: números, álgebra, geometría, estadística o probabilidad. También es frecuente que el debate se centre en metodologías, evaluación o tecnologías.

Sin embargo, detrás de todos esos elementos suele existir una idea más profunda que organiza el conjunto.

En el currículo costarricense de Matemáticas aprobado en 2012, esa idea tiene un nombre muy claro:

la competencia matemática general.

No se trata de un elemento adicional ni de un concepto decorativo colocado en la introducción del documento.

Es el constructo central del currículo.

Es la idea que articula sus propósitos, orienta la selección de contenidos, da sentido a las habilidades, justifica los procesos matemáticos y proporciona criterios para la evaluación.

En cierto sentido, todo el currículo existe para desarrollar competencia matemática.

Más allá de saber Matemáticas

Durante mucho tiempo la Educación Matemática se asoció principalmente con la adquisición de conocimientos y destrezas.

Saber Matemáticas significaba conocer conceptos, recordar procedimientos y resolver ejercicios.

La noción de competencia matemática introduce una perspectiva más amplia.

El currículo la define como la capacidad de utilizar las Matemáticas para comprender y actuar sobre diversos contextos reales, otorgando un lugar privilegiado al planteamiento y resolución de problemas.

La diferencia es fundamental.

Ya no se trata únicamente de poseer conocimientos.

Se trata de utilizarlos con sentido.

Una matemática para la vida

La competencia matemática está estrechamente vinculada a la participación racional y crítica en la vida social e individual.

Esta afirmación adquiere una enorme relevancia en el siglo XXI.

Vivimos en una sociedad donde las decisiones personales y colectivas dependen cada vez más de la comprensión de datos, modelos, riesgos, tendencias y relaciones cuantitativas.

Interpretar una gráfica.

Comprender una estadística.

Evaluar una proyección económica.

Analizar información científica.

Tomar decisiones fundamentadas.

Todo ello exige competencia matemática.

Las Matemáticas dejan de ser únicamente una disciplina escolar para convertirse en una herramienta de ciudadanía.

El conocimiento ya no es suficiente

La revolución digital ha cambiado profundamente la relación entre las personas y el conocimiento.

Hoy cualquier estudiante puede acceder instantáneamente a fórmulas, algoritmos o procedimientos mediante un teléfono móvil o una inteligencia artificial.

Esto obliga a replantear una pregunta esencial:

Si las respuestas están disponibles, ¿qué es lo que realmente debemos aprender?

La respuesta del currículo resulta sorprendentemente actual.

Lo importante no es solamente conocer resultados matemáticos.

Lo importante es desarrollar capacidades para utilizarlos inteligentemente.

Las Matemáticas como actividad humana

Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta curricular es la visión que adopta sobre la naturaleza de las Matemáticas.

Tradicionalmente se ha enfatizado la existencia de objetos matemáticos:

  • Números.
  • Funciones.
  • Figuras geométricas.
  • Teoremas.
  • Fórmulas.

Pero el currículo recuerda algo esencial:

Las Matemáticas también son una actividad humana.

Son el resultado de procesos históricos de construcción, discusión, argumentación y búsqueda de soluciones.

Por eso, enseñar Matemáticas no puede limitarse a transmitir productos terminados.

Debe incorporar las capacidades que permitieron construir esos productos.

Capacidades para pensar matemáticamente

La competencia matemática requiere mucho más que habilidades operativas.

Necesita capacidades que permitan actuar intelectualmente sobre los problemas.

Entre ellas destacan:

  • Plantear y resolver problemas.
  • Razonar y argumentar.
  • Representar ideas de múltiples maneras.
  • Conectar conceptos.
  • Utilizar tecnologías de forma significativa.
  • Analizar críticamente información.

Estas capacidades poseen una característica fundamental:

Son transferibles.

No pertenecen exclusivamente a una área matemática.

Acompañan a las personas en contextos muy diversos.

El verdadero papel de los contenidos

Esta visión no implica restar importancia a los conocimientos.

Los contenidos siguen siendo indispensables.

Sin ellos no existe pensamiento matemático posible.

Pero el currículo les asigna una función diferente.

Los conocimientos organizan el aprendizaje.

Las habilidades permiten operarlos.

Sin embargo, la meta final es desarrollar capacidades más amplias que trasciendan los contenidos específicos.

Es un cambio de perspectiva importante.

Los contenidos dejan de ser el destino.

Se convierten en el vehículo.

Una arquitectura de capacidades

La competencia matemática no surge de manera espontánea.

Se construye mediante un ensamblaje dinámico donde interactúan:

  • Conocimientos.
  • Habilidades.
  • Procesos matemáticos.
  • Capacidades superiores.

Ninguno de estos elementos funciona aisladamente.

La competencia emerge precisamente de sus interacciones.

Es un sistema.

No una suma de partes.

Una consecuencia para la evaluación

Si la competencia matemática es el objetivo central, entonces la evaluación también debe transformarse.

No basta con verificar si un estudiante recuerda procedimientos o reproduce algoritmos.

Es necesario valorar:

  • Cómo interpreta situaciones.
  • Cómo argumenta.
  • Cómo representa ideas.
  • Cómo resuelve problemas.
  • Cómo utiliza conocimientos en contextos diversos.

La evaluación deja de centrarse únicamente en respuestas.

Comienza a interesarse por formas de pensar.

Una idea adelantada a su tiempo

Cuando el currículo fue aprobado en 2012, la inteligencia artificial generativa no existía en la vida cotidiana.

Sin embargo, muchas de sus decisiones parecen especialmente pertinentes hoy.

En una época donde los algoritmos pueden ejecutar procedimientos automáticamente, adquieren un valor creciente las capacidades humanas para:

  • Interpretar.
  • Argumentar.
  • Conectar ideas.
  • Formular problemas.
  • Tomar decisiones.

Precisamente las capacidades que sustentan la competencia matemática.

Reflexión final

Quizás la mejor manera de comprender el currículo costarricense sea imaginarlo como una gran estructura orientada hacia una sola meta.

Las áreas matemáticas aportan conocimientos.

Las habilidades permiten utilizarlos.

Los procesos fortalecen capacidades.

Las estrategias curriculares enriquecen la experiencia educativa.

Pero todo converge en un mismo destino:

la competencia matemática general.

Porque al final, el propósito de la Educación Matemática no es únicamente que los estudiantes sepan Matemáticas.

Es que puedan pensar, comprender y actuar matemáticamente en el mundo que les toca vivir.